lunes, 27 de mayo de 2013

los vecinos y el sexo

desde que te mudaste al DF vives en un departamento, ¿recuerdas cuando alguien de Mexicali no podía pensar en vivir en un departamento con su familia?, tú también te quedaste pensando, ¿crecer en un espacio tan pequeño? ¿Y compartir con los vecinos todo esos sonidos que no necesariamente son risas y un "estás son las mañanitas" a coro; a parte de verlos por los pasillos, subiendo al elevadoro colgando su ropa a secar?

Has escuchados a tantos teniendo sexo, gimiendo como lo hace un perro cuando ha caminado suficiente y tiene sed, esos sonidos que pudieran parecer de dolor, actuaciones de una escena porno, o ejercicio de alto rendimiento. Y siempre te sucede lo mismo, te dices "no, no, no, ¿están teniendo sexo?" Y luego te quedas en silencio para comprobarlo y luego esperas a que los sonidos, gemidos sigan y estás a la expectativa, en silencio, has dejado el libro a un lado, ya no volteas a ver tu celular, tienes el cuello más erguido y escuchas hasta que ya no escuchas nada, olvidas que los vecinos están teniendo sexo, y por supuesto no te importa si cada quien llegó al orgasmo, si a veces no te importa que tu pareja llegue al orgasmo, ¿qué te va a importar que el vecino termine?

lunes, 20 de mayo de 2013

yo también puedo escribir unos versos

Puedo escribir los versos más inútiles en una tarde.

Escribir por ejemplo: “la noche está nublada y tirito de frío esperando a la nada”

El viento viene de frente, seca mi voz y mis labios. Un suspiro toma mi alma.

Puedo escribir unos versos inútiles también por la noche. Quedarme en silencio. O nada.
Yo lo quiero pero él nunca me quiso.

En las noches como ésta me tuvo.
Lo besé y ahora significa tan poco.

Él no me quiso, y después yo lo fui dejando de querer.
¿Cómo amar a unos ojos que no ven hacia fuera?

Puedo escribir los versos más inútiles esta noche.
Pensar que nunca lo tuve, que perdí algo y ahora he terminado más sola.

Oír la noche convertirse en un hoyo donde todo se cuela,
en donde el verso se vuelve una enredadera muerta.

Qué importa lo que sienta mi amor, lo que guarda;
la noche cae en espiral hacia la nada y sigo sola.

¿Qué es el todo? A lo lejos alguien murmura. Soy yo misma. A lo lejos.
Mi alma cae como la noche, como una estrella fugaz que pasa y se apaga.

Para evadir mi tristeza me imagino acompañada,
mi corazón es sólo un músculo y Él es otro más que por algún lugar anda.

Es la noche la que me convierte en sombra, que vuelve sombra todas las cosas.
¡Nosotros! ¿Nosotros? ¿De qué habla aquella mujer mientras sigue sola?

Yo no lo quiero, o sí, y cuánto lo quise.
Mi voz se apagó para no volverse un ruido triste.

De otra, de otras, será de quien él quiera.
Serán sus palabras, su cuerpo, sus ojos, su todo.

Yo ya no lo quiero, o sí, realmente no importa.
Es corto lo que fue mientras el hubiera se extiende eterno.

Porque en noches como ésta estuvo frente a mi.
Ahora mi alma espera, observa hacia el vacío y sola se pregunta.

Aunque causa dolor no tenerlo,
duele más que esté presente como sombra de la nada.

miércoles, 8 de mayo de 2013

el concurso

Cíula.- ¡lo logramos!

Lucía.- no, nada que celebrar

Cíula.- pesimismo y la palabra del día: no

Lucía.- sabes qué va a pasar con esas 206 páginas

Cíula.- no, no sé

Lucía.- se quedarán en esa bodega

Cíula.- ajá

Lucía.- las arrancarán del encuadernado, subirán los siete pisos y las lanzarán para que caigan por la calle o las triturarán y enviarán a la industria del confetti y les dirán: donación de confetti blanco

Cíula.- no creo que se tomen la molestia

Lucía.- tienes razón no se la tomarán, ni eso. Entonces realmente se quedarán las hojas en esa bodega, y años después cuando la editorial cambie de oficinas, limpiarán la bodega y lanzarán el montón de manuscritos a la basura y ya.

Cíula.- ¿importa?

Lucía.- no porque yo estaré igual, igual como he estado estos últimos meses, ¡puedes creerlo! Todo lo que ha cambiado y nada.

Cíula.- no tengo ganas de dialogar con víctimas

Lucía.- un tiro de dados

Cíula.- ¿de Mallarmé?

Lucía.- mío, todos los días... es como si aventara los dados a un lago de chapopote y jamás pudiera saber qué número salió entonces me voy a caminar por ahí hasta que me canso y vuelvo para tirar los dados y verlos caer de nuevo en el chapopote

Cíula.- es chistosa la palabra chapopote

Lucía.- pff

Cíula.- uffa

Lucía.- lo que sí fue chistoso es ver la asistente editorial escribir tu nombre

Cíula.- ah sí, ¿por?

Lucía.- parecía una mujer llena de trabajo (y de seguro la tienen sin respirar) entonces cuando salió a recibir los papeles, sacó un recibo y escribió el número de recibo, la fecha y tu nombre... la hubieras visto, escribió Cuíla... y lo tachó, escribió entre la u y la í, entonces ahora decía Cíuíla y lo tachó hasta que sobre Cíuíla escribió Cíula. Ha de haber pensado maldita niña quién se cree que es como para ponerse seudónimo.

Cíula.- yo la escribí

Lucía.- da los mismo no vas a ganar, no vamos a ganar

Cíula.- y si sí

Lucía.- es lo que me molesta, tener atorado "el y si sí", y si sí como un nudo en la garganta o en la espalda o como un cólico que ratos gana tamaño en el vientre y duele. Y si sí no resolverá algo. Auisiera tanto poder pensar como creo que pensaba Pessoa

Cíula.- lo que leíste ayer es también literatura, tú crees que el hombre no quería ser admirado, envidiado, alabado, halagado.

Lucía.- sí, yo creo que no le interesaba, sólo quería dejar de sentir que tenía que hacer algo o ser alguien

Cíula.- ¿de quién hablas de Pessoa o de ti misma?

Lucía.- en fin, adiós intento de novela número uno, buen viaje por el caño de esta ciudad

Cíula.- buen y largo viaje. Au revoir!

lunes, 6 de mayo de 2013

esto es lo que va a suceder

Me decidiré a estar con alguien.

Con otro tipo que no eres tú.

Porque tú tienes una idea de alguien.

Que no soy yo.

Soy mejor, peor o distinta.

Distinta más bien.

Estaré con ese otro.

Con alguien más.

Buscaré ser feliz.

Pensaré que todo lo que no es y puede ser.

Es porque no estoy contigo.

Esto será al principio.

Diré es una lástima que no estemos juntos.

Soñaré que estamos juntos.

Lo pensaré al ver a los ojos del otro.

Es una lástima.

Tú pensarás que al que quise y quiero y querré es a ti.

Pero tú no puedes estar conmigo porque no estás bien.

Entonces estarás tranquilo.

Es una lástima dirás alguna vez.

Pero en tu imaginación seré tuya para siempre.

Y sí: no he encontrado a alguien que comprenda lo que busco.

Por lo que: heme aquí.

Y disfruto.

Me disfruto.

Soy mejor a ratos.

Otros no.

Me guardo la que soy.

Y cuando vuelvo a ser llego a disparar.

Tú no te acuerdas.

Yo también puedo actuar, pero odio ser actriz.

Tontito.

Hacerte creer el panorama que quieres.

Pero no quiero porque no soy actriz y no quiero serlo.

Ni intentarlo.

A veces creo que tu cultura te hace creer que eres mejor que yo.

Y la cultura de ella, de la otra, te hace creer que es mejor tú.

Entonces es una batalla de egos.

Al final da risa.

A mí me da risa y me da risa seguir aquí.

Me río de mí más que de ti y de ella.

Queremos decirnos adiós y más nos abrazamos.

Adiós, te beso.

Adiós, me tomas.

Adiós, cogemos.

Cogemos, cogemos, cogemos.

Hasta que me quedo.

Cogemos, cogemos, cogemos.

Hasta que me voy.

Y luego.

Nada.



jueves, 11 de abril de 2013

cocaína, Eslovenia, El Universal, cocktail

Desde el 28 de marzo no escribes

Sós un rollercoaster y no necesariamente of love

Te caga tu inestabilidad pero la disfrutas

A huevo que da miedo la bajada cuando viene pero también se siente rico

Clímax

Quisieras (shh, no importa)

Quieres el hoy, eso sí que importa (con una sonrisa de plátano blanquiverde)

Esta ciudad está que te come, a mordidas, y te lame, y te enojas y crees que reaccionando y diciendo lámeme dejará de comerte la polla

Qué es la polla te pregunta tu madre

Tu madre Inocencia

No importa madre mía, no me hagas caso házme cazuela, ah ja-ja, qué risa

Qué harías tú Cíulita con una famila perfecta, recibir el balazo en la frente al estilo Hemingway, Heming'sway way, no mames way ni qué fueras qué, normalmente soy, pero a veces y muchas veces me da hueva.

Destino, ¿me puedes lanzar una señal de a dónde me estoy metiendo? Se siente boscoso, algas, fresco, muy fresco, pero extraño, como aquel lugar a donde llegó el tipo del libro de Life of Pi sin que fuera un lugar, un no lugar, fresco, perfecto pero sólo para el mientras tanto.

¿No son todos los lugares y los tiempos un mientras tanto?

Sino no había conciencia del mientras tanto, ¿mientras siempre?

Entre mis búsquedas en internet está la página de wikipedia abierta con la definición de cocaína, jamás la quieres probar pero quieres saber, y si la pruebas ¿sabes?

También aquel lugar (remoto como todos porque parece que jamás vas a salir del pozo de tu país, que no es negro pero es pozo para ti), a donde se van los otros por ejemplo al país de Eslovenia

Y luego El Universal y una liga que te mandó alguien para que te puedas frustrar con un concurso más

Y finalmente la palabra cocktail, quieres saber de dónde viene, por qué cock, por qué tail, es una combinación curiosa linda e interesante y todas las teorías supuestas valen, porque las posibilidades te encantan más que la verdad

¿Alguien me puede decir de qué verdad habla esta mujer? A caso ¿Se ha vuelto loca?

jueves, 28 de marzo de 2013

el mito


(La novela esa que comencé por esto que hace mucho tiempo pasó, ¿pasó?, los cristianos y católicos suplican que pasó, ¡por favor Dios existe!... risas...)

El mito
 
1ª estación: cae Esperanza

“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que según su grande misericordia
nos hizo renacer para una esperanza viva,
por la resurrección de Jesucristo de los muertos,...”
(Pedro 1, 1:3).



Que se ponga a dieta por Dios. Hay que conseguir más tela, el traje no debe quedarle ajustado. Las ropas son aguadas.
Se necesita más dinero que el año pasado y que el anterior. Siempre se necesita más dinero.
Y más metros de tela roja en satín, ¿de tul?, con eso tenemos, falta más tela de algodón azul, también amarilla y café. ¿Los tocados?, que sean los del año pasado, también los muebles. Debemos pintar algunas partes, tráete más cubetas de pintura: color café, azul; muchas de blanco y también de verde. Hay que conseguir plantas y hojas de palma. ¿Cuánto va de la colecta? Ave María, tal vez tengamos que hacer tres rondas para juntar más. Necesitamos sacar copias de los cincuenta y dos libretos. Y redactar la carta para el presidente de Ciudad Guzmán, decirle que este año subió un poco, o nomás cambiarle la cantidad y la fecha. Ya está quedando todo listo, aunque a ver dicen que María está embarazada. ¿Alguien sabe?, hay que preguntarle. No puede andar panzona. Imagínate en tres meses, una María panzona. ¡Saquen a ese perro que nomás está estorbando! ¿Qué pasó con los chivos? ¿Ya se los pidieron a Don Josué? Me canso de andar correteando a todo mundo. Ya estoy vieja. Esto debe salir solo. Con los ojos cerrados. Llevamos cincuenta y tantos años haciéndolo. ¡Muchos! Muchos años. Eso sí, cada vez sale mejor. Debe ser pan comido, todo mundo sabe lo que le toca, todo mundo a trabajar. ¿Dónde está el Jesús?, otra vez a batallar con él porque eso de la memoria no se le da. Se me hace que ese chamaco... quién sabe, le tenemos que exigir que se meta a su papel. Nada de novia, ésa estorba. Consíganme al Tomás, quiero verlo. Casi cinco años con lo mismo, es el colmo. Sino lo encuentran pues hasta mañana. Quiero que entienda que no puede andar noviando estos tres meses. Ya después de que pase el evento que haga lo que quiera. Y es que de plano no hay otro ojiverde en el pueblo. Así que, que no me ande con distracciones. Pásame la caja, lo voy a contar otra vez y váyanse cada quien a lo que ya sabe.
Ésta es doña Epe. Podría ser una vieja tranquila pero tiene la energía de un adolescente. Originaria del Rincón aunque vivió largo tiempo en ciudad Guzmán. Es una señora delgada, pequeña y de cabello gris. Siempre viste de negro. Siempre está erguida y camina a paso acelerado. Epe es maestra y consejera del pueblo. Vive sola en una casa de dos cuartos, ella duerme en el cuarto pequeño. Tiene árboles de frutas en el jardín que cuida como a sus perros. Y tiene dos pastores alemanes que cuida como si fueran sus hijos pero no tiene hijos.
En este momento Doña Epe está rasgando la pared con la mano derecha, mientras con la izquierda se aprieta la caja que traía al centro de su vientre.
¡Ah!… ¿está alguien ahí?... ¿hay alguien por ahí? Grita doña Epe, grita más recio ¡¿está alguien ahí por Dios?!…
Pero no hay nadie en casa de los vecinos. Ni cerca. Ahí estarían para ver qué le pasa a la viejita, que no es cualquier viejita, es doña Epe y acaba de caer al suelo.
Los perros de doña Epe están ladrando y rascando la puerta. Ha caído boca abajo en la estancia, a los pies de la cruz colgada en la pared y junto a la caja de la recolecta. El dinero no ha dispersado, la caja cayó completa hasta al suelo.


Los que están en el cuarto observan a doña Esperanza hasta quedarse idos luego se ven entre ellos, después sus ojos recorren el suelo o el techo. Cuando pasan minutos de acostumbrarse se sientan, o van al baño, se preparan un café. Pero ninguno deja de pensar y cuestionarse, las preguntas son las mismas: ¿Ahora qué? ¿Y ésto dónde se cura? ¿Yo cómo ayudo? ¿Cuánto vale un tratamiento?
            Esperanza se sienta sobre la cama, ve sus manos, plancha las sábanas con las manos. Ahora ¿qué vamos a hacer? ¿Qué va a pasar sin la vieja? ¿Qué sucede cuando la familia se queda sin el padre?
            Doña Epe malacostumbró al pueblo. Era la intermediaria, que no les corten la luz o el agua. Mandaba por el médico cuando el enfermo no podía ir a la ciudad. Ella llevaba y traía al padre todos los domingos para que diera la misa. Todos. Hasta que juntaron para una camioneta.
            La doñita trabaja en la iglesia. Una iglesia solitaria y a medio construir. Ahí la encuentras siempre, en su pequeña oficina. Organiza el calendario de todos los años: las festividades, las colectas, la recaudación de cobijas, juguetes, dulces, latas, o cualquier cosa que se necesite. Recibe un sueldo de las donaciones que la gente hace, y un dinero extra de la venta de ates y licor de guayaba. Trabaja más que un padre o una monja. Trabaja más que Dios. Pero eso sólo lo piensa cuando llega a su casa muy noche mientras se acuesta a dormir y siente cada uno de sus huesos. Es la encargada de las clases de catecismo, de organizar la primera comunión, el rosario de los sábados y la vendimia del mercadito. A doña Epe no le gustan los niños, no lo dice, pero no le gustan. Y a los niños les da miedo. Pero encontró cómo involucrarlos en la iglesia. A Elisa, que canta tan bien, la nombró la encargada del coro. A Elisa no le importa Dios, luego, luego se nota, pero organiza las reuniones y los ensayos para el coro de manera impecable. Y su novio, Amadeo, toca rebonito la guitarra, entonces entre los dos ambientan las misas de modo celestial. Elisa tiene 12 años, Amadeo 11. Son como una parejita casada de años donde uno ya sabe perfectamente lo que el otro quiere sin que se lo diga.
            A Oralia, otra de la niñas, a la que le encanta la cocina, la invita a participar haciendo las comidas que se venden en la quermés. Se hizo una colecta para comprar un horno para pan. Oralia aprendió a hacer pan y pizza, con solo 13 años tiene su negocio, su madre le ayuda y les va bien. Aunque ambas subieron de peso, sobre todo porque nunca hay tanta gente a la que se le pueda vender, entonces mamá e hija se comen parte de lo que sobra, ni modo que lo regalen, no es negocio.
            Estamos de regreso al cuarto de doña Epe, ¿qué va a pasar pues?, el que pregunta está parado en el marco de la puerta, acariciando su blanco bigote. Es don Heraldo, un frustrado corredor de caballos quien supuestamente participó alguna vez en unas Olimpiadas o en una competencia importante en el país o en otra parte del mundo. Es el chofer de doña Epe y siempre la acompaña a toda partes.
Cuando van en carretera, doña Epe le dice ¿Quiubo Heraldo por qué le da tan rápido? Y don Heraldo se calma, no logra llegar a más de 90 km/h porque casi nunca va sin ella. La camioneta es una de las pocas del pueblo. ¿Quién es el dueño? Puede que Heraldo puede que Doña Epe, dicen que doña Epe fue la que compró la camioneta pero jamás la ha manejado.
            Antonia se le queda viendo a Heraldo porque ella también piensa ¿qué va a pasar? Antonia es una mujer de complexión rellena, cabello corto y baja de estatura. Ahora se está tallando las manos, una y otra vez, como si quisiera desprenderse la piel, es un gesto que hace al sentir nervios. Después se limpia el sudor de las manos sobre su pantalón rojo y dice entre dientes ¿a poco Epe se va a tener que ir a la ciudad? 
Antonia es la mano derecha de Doña Epe, tenía problemas con la bebida. ¡Mira nomás cómo te pones Toña!, le decía Doña Epe. El vino es del diablo. Hasta que lo logró y dejó de tomar. Gracias a Dios y a Doña Epe se curó la ansiedad por la bebida. Ya puede disfrutar de las reuniones sociales aunque siempre está a punto de arrancarse las pecas de sus manos regordetas.
            Ay Doña Epe usté siempre tan buena, le dicen. Ay Doña Epe no sabe cómo le agradezco. Ay Doña Epe no se nos vaya a ir de aquí porque luego qué hacemos.
            Y Doña Epe con una enfermedad y ninguno sabe bien qué es, cómo se siente o cómo se cura.
            En este momento todos se mueven alrededor de ella. Como planetas en torno al sol. Algunos se sientan, otros se levantan, unos más se asoman por la ventana. Heraldo sale a fumar. Antonia ahora teje, desteje y vuelve a tejer lo mismo. Todos están en silencio, como si hubieran pactado no hablar. Como si hubiera pasado un ángel. Pero en los pensamientos de cada uno hay un griterío. Un monólogo desencadenado de preocupaciones, probabilidades y preguntas sin respuesta, de repuestas sin pregunta.
Así pues sigue la mañana un poco más hasta que doña Epe se quiere levantar a estirar sus piernas y no la dejan; insiste, pero ellos insisten más. Le dan una taza de café y se reacomoda en la cama, le acercan el bote de azúcar y una cuchara.
            Doña Epe gira la cuchara muchas veces y deja la taza sobre la mesa. La vuelve a tomar y vuelve a girar la cuchara, por fin le da un pequeño sorbo al café. El café ya no está caliente, un trago más y dice, aquí no pasa nada hasta que sepamos, me voy unos días a la ciudad y a ver qué me dice el doctor, alguien más va a tener que encargarse del evento. ¿Quién dice yo? ¿eh?
            Y todos en silencio. Normalmente doña Epe se avienta todo porque es la que sabe. Es la única que verdaderamente sabe. 51 años organizando el viacrucis en el pueblo.
            Antonia piensa que debería ser ella la que organice todo. Eso es lo que más quisiera. No tiene que ponerse a investigar ni tampoco hacer algo distinto ¿Leer la biblia? Ni Dios lo mande. Ya está todo ahí en el libreto. Pero claro, tiene miedo, es mucha responsabilidad. No confía en sí misma. Aunque nada más es un evento. Pero es el evento del pueblo.
            Es donde doña Meche vende todos los moños que elabora durante ocho meses. Eliseo mata a sus chivos, hace taquiza y la comida se acaba. El de las papas vende cinco veces lo de un mes. Hasta Celerio aumenta al triple la venta en la farmacia. Es cuando se reúnen los Villanueva, los Arnaiz, los Campoverde y los Suárez, ni siquiera en navidad están todos. Llegan desde el sur y el norte de México. Desde los Estados Unidos... una vez vino el primo de Antonia desde Canadá.
            Esos días no puedes ni caminar, las calles son ríos de colores y fluir de risas. Compras un montón de cosas que no necesitas y quedas como bobito de tanto comer. Te da gusto ver a tu tía aunque se vea medio vieja. Y a tu prima aunque la escuincla haya quedado panzona.
¿Qué va a pasar? La voz de Heraldo aleja a todos de sus pensamientos.
Se escucha el sonido de una camioneta, todos voltean hacia la ventana, doña Epe es la única que sigue con la mirada en la taza.
            ¿Qué va a pasar pues? Repite Heraldo. Y todos regresan la mirada al centro del cuarto. Allá afuera la camioneta se estaciona, se abre la puerta del lado del piloto y se baja una mujer alta, rubia, que parece de otra parte, ésa no es de El Rincón. Voltean hacia fuera, hasta doña Epe vuelve la cabeza, siguen a la mujer en su camino hacia la plaza.  A doña Epe le dan unos escalofrío y pide una cobija. Todos continúan viendo a la mujer. Doña Epe repite que si alguien por favor le puede traer algo para taparse. Heraldo y Antonia reaccionan ambos van por la cobija.

martes, 26 de marzo de 2013

el hermano

Lo más importante para ella eres tú por eso es que ahora te escribo. Le duele un poco pensar en ti, como cuando dejas de hacer ejercicio y haces, eres el músculo que duele al día siguiente, el que recuerdas forma parte de ti, eres parte de ella. Ella se pregunta, ¿cuándo empezamos a distanciarnos?, aunque sabe que era necesario.

Se obsesionó de que te dieras cuenta de que ella es especial como si para ti no lo fuera. El único dinero que ha llegado a tener (gracias a los padres de ambos) y el dinero por el que sueña cuando gane algún concurso, o al obtener el trabajo que ahora tanto busca (y no encuentra) quiere dejártelo a ti, todo a ti.

Le da miedo conocerte en tu forma de hombre, de adulto. Le da miedo que la conozcas como mujer, como adulta. Siempre fueron niños estando juntos. Ella recuerda cuando cada uno comenzó a cerrar la puerta de su cuarto y también cuando te dejó para irse a otra ciudad, lejos de lo que ambos vivían, mientras sus padres seguían peleando. Y recuerda la llamada que hiciste justo después de esto cuando le preguntaste por qué te fuiste Lucía.

Ella quiere transmitirte lo que sabe para que nadie te lastime como la han lastimado. Ella quiere entenderte para no lastimarte como otros lo han hecho.

Me dijo que te escribiera que su más grande logro hasta hoy es haber perdido el miedo a la muerte, ella recuerda perfectamente cuando tú y su madre la llamaron suicida. Estaban los tres platicando en la cocina y fuiste tú el que hiciste el comentario de que ambos ya lo habían hablado. A ella le sorprendió pero también sonrío para sus adentros, en algún momento lo fue y por supuesto quería que su familia se enterara. Pero su no miedo a la muerte la ha liberado y por eso ahora busca algo más, ese algo que no puede ni describirse con una palabra porque aún no existe porque está en el continuo desarrollo de su imaginación, para ella el haber perdido el miedo a la muerte es ser momentáneamente inmortal.

Aún lucha con tantos otros miedos: no puede desprenderse de lo material, sabe que tu preguntarías pero, ¿para qué desprenderse?, pero a ella le afecta, o tendría entonces que aprender a que no le afectara pero no quiere. Y como éste muchos otros que te aburriría saberlos.

Te escribo porque ella no es capaz de hacerlo, te escribo aquí porque tal vez te cruces algún día con esto y pienses en ella. Recuerdes los mosaicos blancos de la cocina de su primera casa, el recorrido alrededor de la mesa de cristal del comedor mientras uno intentaba atrapar al otro, recuerdes el calendario de navidad que hizo su abuela, el mismo calendario que contenía piezas sobre cada día donde ambos se turnaban en quitar el del día que había pasado. Porque aunque su miedo ya no es morir quisiera que la recuerdes sino está viva, solo de vez en cuando.