Entonces saliste del baño, cuántas veces regresarás al espejo con esa mirada insatisfecha, volteando la cabeza de un lado a otro a ver qué encuentras, tal vez en la comisura del ojo o de tus labios. Nada. Como siempre, nada.
Estoy incompleta, inacabada.
Lanzas tu cuerpo a la cama, el colchón es duro, recomendación del quiropráctico, el no sabe, aún así te paras y comienzas a brincar. No puedes alzarte, tu cuerpo es pesado. Es intentar participar en una carrera amarrada al talón de otra tú, mientras una da un paso para adelante la otra intenta con la misma pierna alcanzarte entonces la gravedad y luego otra vez estás acostada.
¿Por qué disfrutas el fracaso de tu matrimonio?
Piensas a qué restaurante la habrá llevado, qué vestido se puso o es de las que usan siempre pantalón, a qué huele su perfume. Te diviertes imaginando que es uno dulzón de los que lo fastidian; otras veces piensas que es uno con el toque floral, enmaderado y fresco al mismo tiempo, perfecto. Hay días que aseguras es idéntica a ti y a él no lo bajas de ingenuo, otros sabes que es una mujer totalmente distinta, alta, de complexión grande, tal vez ancha pero jamás gorda, de pelo corto, facciones finas, de manos fuertes pero limpias y cuidadas, que sonríe a medias porque no le interesa quedar bien con alguien; en cambio tú, ríes de oreja a oreja aún cuando no entiendes nada o el comentario o te molesta, le preguntas, amor qué quieres cenar cuando lo único que deseas es irte a dormir. Ella le exige su soledad.
Soy un cuerpo seco, empolvado, olvidado, no soy más que aquella silla o esta mesa.
Tal vez te guste ser la víctima, la víctima de ti, no hacer algo como reventarle el plato a sus pies, irte de la casa sin ropa y sin maletas y no volver. Cuando te propuso matrimonio sabías que el buscaba algo que no era casarse contigo pero sí un cambio. Después de la luna de miel nada cambió, el siguen en su trabajo, el sexo es igual, él abajo, tú arriba, asisten al mismo gimnasio, salen a los mismos lugares y con los mismos amigos.
No quiero que llegue, no quiero que regrese, quiero que me abandone, quiero que decida irse con ella de una buena vez.
Quieres tome la decisión por ti pero no, escuchas la puerta Carlos llegó a casa. Huele a sexo, piensas y ahora toda la casa está impregnada, te levantas de la cama, te encierras en el baño, llevas meses durmiendo en el mismo cuarto y en la misma cama y no dices lo que sientes. Carlos se prepara algo de comer, aunque de seguro cenó con ella, después de horas de sexo está nuevamente hambriento. Cómo se lo hará, te preguntas si ensayarán varias posiciones en una noche, si le hablará sucio, si se lo meterá por detrás. Carlos toca a la puerta y tú no contestas. Por qué no le dices que piensas si se lo hace por detrás, tú nunca has querido, ojalá te conteste para que te des cuenta que no se va con otra por el sexo, por eso no.
Escuchas su respiración, esa que aspira o más bien succiona el aire, todo el del cuarto. Aunque exageras, eres tú la que imaginas, por qué buscas ser una mártir. Después de darte siete vueltas y media en dos horas, por fin te quedas dormida, abrazas la almohada como si fuera tu sueño.
Sueño que abro los ojos y frente a mi un paisaje verde intenso, pasto tierno bajo mis pies, el cielo desde mi pecho hasta donde no alcanzo a ver, mis ropas ligeras son alas que expando, giro. Bailo al compás de las caricias del viento, undostres, undostres – me detengo. Allá viene él, mientras camina el cielo se cubre de nubes, Carlos está frente a mí, el cielo está gris y yo estoy desnuda ¡qué frío! Abrázame le pido y él se aleja, se aleja, allá va ¿a dónde vas Carlos?
Despierta. Es tarde, apurada te bañas sin lavar el pelo, olvidas el perfume, te maquillas en el auto, cierras el espejo del copiloto y volteas con él. Carlos tiene la mirada perdida al fondo del camino, sus manos rígidas en el volante, ya comienza a llover.
Antes eras tú, eras todo para él pero fuiste sólo un momento, corto, profundo, un hueco del tamaño de una huella que descubre el mar. Ahora son dos sombras refugiadas en el cielo de una noche sin luz ni luna y no amanece. Han llegado a la cena. Suspiras y sales del auto, caminas rápido a la entrada, no te quieres mojar.
Hola – sí sí cómo te va – tú también te ves divina – sí me encanta tu cabello – no he podido ir a la clase – vamos por un café en la semana – sonríes y la sonrisa queda congelada. Esas mismas palabras todos los días a las mismas caras de siempre, las amigas del café que son las del gimnasio; las parejas del tenis y de los viajes a Europa; los amigos de la jugadita y del golf; la comadre, el compadre. Huyes de cara en cara. El único que te interesa es el hombre regordete, moreno, sudado que pasea las bebidas y nota tu sonrisa que se va desfigurando. Has tomado de más. Allá va una mujer que te parece conocida, un impulso te lleva tras de ella, caminas con dificultad, te intercepta Carlos ya está listo para irse pero tu quieres quedarte hasta verle la cara a ella, le dices que vas al baño, te alejas.
Vas tras ella. No sabes a dónde se fue, viste de negro, y no es la única. No es rubia, es de cabello café oscuro como el tuyo, lacio como el tuyo, no muy alta como tú. El mesero pasa y cambias de copa, allá va ella, apuras el paso, sube las escaleras y te quitas los zapatos subiendo también vas por el pasillos buscándola, en dónde se ha metido, ahora sí necesitas ir al baño, abres una puerta y la encuentras, a ella, de espaldas, te disculpas estás a punto de salir pero te detienes y volteas. Su cara se asoma en el espejo. Se va la luz.
Algo sucede, dentro o fuera. Llueve afuera o tal vez adentro, en ese cuarto. No ves, no escuchas, no huele a nada pero sientes una punzada en el estómago y luego en la cabeza. El cuarto se ha llenado de agua, flotas, pasa el tiempo, se erizan tus vellos, tocas los peces que nadan ahí dentro. Regresa la luz y alguien está tocando a la puerta del baño. Le jalas al excusado, te arreglas el vestido y abres la puerta. Ahí está esa mujer o es un espejo, con la mirada te exige la salida, estás a punto de decir cualquier cosa pero no se te ocurre algo, sales del baño y ahí está Carlos esperándote, sus ojos negros preocupados.
Salen de la fiesta, entran en el carro, Carlos enciende el motor y avanza, se detiene en el semáforo abres el pequeño espejo del lugar del copiloto, todo el rímel está corrido, tu cabello está empapado, volteas a tus pies, olvidaste los zapatos. Abres la puerta, sales, y cierras la puerta, Carlos voltea, se quedan viendo, el semáforo está en verde, el taxista acciona su claxon, das varios pasos hacia atrás hasta topar con la banqueta, Carlos voltea hacia enfrente y acelera.
lunes, 16 de mayo de 2011
5. regaderas
Se ha terminado mi trabajo. Y hoy lunes cambia mi rutina. Me levanté más tarde de lo que ya comenzaba a ser normal, seis de la mañana, horario que solía causar asombro a quien lo mencionara, desayuné y me dirigí al gimnasio.
Sabía que iba a encontrarme a mucha gente, entre los propósitos de año nuevo y el remordimiento de las comidas de navidad, esperaba las caminadoras llenas, en cada uno de los aparatos fila para que el siguiente pudiera completar sus repeticiones.
Pero no, el gimnasio estaba prácticamente vacío. En lo que entré comencé a caminar cada vez más rápido para cerciorarme que la gente no estaba escondida en alguna parte del lugar, haciendo un protocolo tipo fiesta sorpresa. Me detuve un segundo y conté los días, cerciorándome de que habían pasando los suficientes para que hoy fuera lunes. La idea comenzó a gustarme, tener prácticamente todo el gimnasio para mi solita, aunque era imposible utilizar los diferentes aparatos al mismo tiempo. Me subía a una de las caminadoras y comencé a estirar. Me paré por un segundo, me dirigí hacia el estéreo, puse algo de música para acompañarme y regresé a seguir caminando. De pronto el gimnasio comenzó a llenarse. Entraban en grupos de no menos de tres personas, en su mayoría señoras. Que obligadamente hacían un comentario sobre la música al entrar, cuestionándola, el ritmo, el volumen, ¿dónde estaba el pop que sus hijos arduamente les habían inculcado?
Al finalizar mi sesión de cardio me armé de valor me dirigí al estéreo y subí el volumen de la música que me disgustaba totalmente pero que de alguna forma era mejor que el lejano cuchicheo aunado con las risas eufóricas de las señoras. Las señoras casadas, con hijos, sin trabajo, que conducen una van familiar último modelo tienen un especial modo de ser que solo entre ellas se soportan, aunque se critican más que aceptarse, pero yo no puedo con ellas, las ignoro y solo pienso y espero que falten muchos años más para que yo tenga la exacta imagen y semejanza que ellas portan. Los señores son más discretos, algunos me molestan con su sola presencia, entre querer ser amables, terminan siendo patéticos, saludan con una sonrisa que hace tiempo llegó su fecha de vencimiento, sus canas, su calva y sus arrugas desentonan totalmente con esos músculos que lucen en su cuerpo, aunque son peores los que presumen una barriga abominable, junto con una papada que al correr no sabes cuál es la que gana al temblar.
De alguna forma tal vez todos somos trágicos en el gimnasio, yo con mi ropa totalmente mojada por el sudor, y mi manera de odiar a casi todo el que frecuenta el lugar. Los entrenadores con sus malteadas de proteínas y deseos de ser un cliente más en el gimnasio exclusivo, las señoras y sus pláticas superficiales y sus pechos igual, los señores con sus ganas de no volverse viejos y otros sin poderlo ocultar, los adolescentes y pubertos que levantan el triple de peso de lo que ellos son, las adolescentes que se creen la mejor especie de este lugar, no portan arrugas, ni tampoco necesitan aún cirugías, hacen 15 minutos en una caminadora y sus glúteos conservan la forma y la altura y se mueven delicadamente al caminar. Todos trágicos y patéticos, todos conmovedores y susceptibles, entran y salen de este lugar…
Después de hacer ejercicio, esa misma rutina, la que me desconcierta, a veces, y me tranquiliza otras, cuando he estado varios días sin conocer el tiempo, sin saber de esos días, sin reconocer mi papel en la comunidad, en el proletariado, en fin, después de reencontrarme con la rutina, la que casualmente también la titula así el entrenador al programa de ejercicios que me ha diseñado, como si quisiera burlarse de la monotonía de mi vida, finalmente terminé la serie de ejercicios y he caminado hacia los vestidores, igual, como todos los días o como lo hago de lunes a viernes, entré al lugar sin saber que este día sería distinto a los demás, que iba a rompérseme mi querida rutina, no había una persona ahí en las regaderas, volteé a consultar la hora y fui en busca de mis cosas, jabón para el cuerpo y también uno para la cara, acondicionador, esponja, rastrillo y toalla, aproveché para quitarme los tenis y calcetines, y calzarme unas sandalias de plástico, nunca me ha gustado bañarme con sandalias, pero mucha gente dice que así se pasan infecciones en los pies, pero pienso si toda las mujeres que ahí se bañan utilizan sandalias, entonces quién es la que me pasará esas infecciones tan prometidos, finalmente emprendí mi camino hacia las regaderas, me detuve al costado de un espejo, mientras noté algo en el reflejo, me acerqué a buscar de qué ser trataba, algo en mi expresión había cambiado, como si también el paso de los minutos se hiciera notar en mi cara, o el paso de los planes irrealizados, sin embargo era la primera vez que veía algo así en mi rostro, me quedé viendo esperando reconocerme o alguna respuesta a ese cambio, ahí estuve un tiempo, unos segundos, o minutos, tal vez hasta diez minutos, el ruido del tic tac colgado en la pared me dio a entender que no habría respuesta y que era necesario meterme a bañar, siendo o no yo, era el momento de entrar bajo la cortina del agua fría, mojar mi cabello con agua limpia, enjabonar mi piel, sentirme lo más limpia posible, finalmente reanudé mis pasos, entrando al cuarto de las regaderas me pareció encontrar ocupada la que normalmente utilizo, entonces seleccione la de enfrente, al entrar, me sentí incómoda, entonces tomé mis cosas y me paré afuera de la que yo consideraba mi regadera medio asomándome, no se escuchaba un ruido y no había nada sobre la banca de enfrente, en realidad no estaba ocupada, entonces sobre la banquita disponible deposité mi toalla y comencé a desvestirme, me solté el cabello el cual traía muy húmedo y enredado por el sudor, mientras me despojaba de la ropa, la iba doblando para que quedara acomodada, síntoma de la herencia de la obsesión compulsión de mi madre, de tener acomodada hasta la mesa del restaurante, de pronto un escalofrío me recorrió el cuerpo, al que hice caso omiso, más bien me apuré a desprenderme de los calzones, y abrí la cortina, me inmuté, paralizada, como si el tiempo se detuviera o como si me hubiera transportado hacia la historia de un cuento y la vida que comenzaba a vivir en este momento ya no era la mia encontré a una mujer tirada, totalmente desnuda, con su cuerpo lleno de agua y de sangre, sangre con agua, su cara veía hacia el suelo, no sabía si estaba muerta, no creía que estuviera muerta, jamás había visto a un muerto ni a una muerta, entonces no hice nada mas que verla, contemplarla, como si fuera un cuadro hecho por un gran artista al que finges gran atención pero esperas más bien una explicación para poder interpretarlo, leer la pequeña reseña que aparece a un costado esperando que no sea Sin título, pero junta a ella no había ninguna reseña escrita, ni si quiera tenía un jabón o champú o rastrillo que me ofreciera alguna pista de quién es esa mujer, solo estaba ella y su cara miraba hacia el piso, de pronto pensé que tenía frío, pues yo tenía frío, me acababa de dar cuenta, pero luego pensé que si estaba muerta lo más probable es que no tenía frío, no tenía nada, y la envidié ¿qué será no tener nada? No hay frío, no hay calor ¿será como la primavera? ¿qué será estar muerta? ¿sabrá ella que aquí estoy yo?
Extrañamente no me preocupaba que me encontraran con ella, pero no quería que más personas supieran que ella se encontraba frente a mi, muerta, tampoco deseaba ya saber quién era solo quería un poco más de tiempo para contemplarla, para imaginar su historia, para siguiera cambiando el rumbo de mi historia.
Tomé una toalla limpia y me la envolví, no quería que el encabezado del periódico se titulara mujer desnuda encuentra a mujer desnuda tirada. Me senté en la banquita de enfrente, pensando, o tratando de dejar de pensar. La mujer parecía de unos 40 años, pero solo veía su cuerpo, la cara es la cual realmente me alojaría un mayor acercamiento a su edad. Su piel blanca. Su cabello corto, café claro. Tal vez la rutina había acabado con ella. Tal vez ella había acabado consigo misma a razón de tanta monotonía. Unos minutos antes había discutido con otra mujer, esa mujer con un marido que ella comparte, habían empezado a insultarse, a gritarse, a desplazarse por todo el baño, una detrás de la otra a paso rápido enfrentándola, exigiéndole el que se haya intrometido con su vida o más bien con la vida de su marido, afectándola a ella, echándole en cara la falta de sexo en su cama, la necesidad de un cambio en su imagen, el ocio en el que se sumerge todos los días, el mismo menú de comida desde hace tantos años, las clases de cocina desperdiciadas, los hijos absorbentes/molestos/ingenuos, todo en su vida se sentía tan mal a la llegada de la otra y tenía que hacérselo saber, por eso la había matado, tal vez.
La cantidad de pastillas que habían pretendido sustituir los alimentos en su cuerpo para que al fin pudiera utilizar aquel vestido que hace tanto se compró y lucía tan bien en el aparador, nunca en ella, poniéndose el objetivo de entrar en él. Y en entonces el cuerpo se había desparramado sobre el piso de la regadera, como un bote de pastillas cuando recién quieres abrirlo y debes utilizar hasta los dientes, tal vez.
Tal vez en un golpe de ilusión había descubierto que la vida está sobrevalorada y que desde siempre existe la muerte para cambiar de aires, y mientras el agua caía sobre su cabeza, su cabello y su cuerpo decidió remojarse en la muerte, deshacerse ahí mismo dejando que se escurriera toda posible explicación y cayera en la rendija con el resto del agua para viajar por el drenaje.
¿Y si no está muerta? Solo se desmayó y golpeo tan fuerte su cabeza por lo que le salió sangre. Y yo ahí sentada, contemplándola.
Sabía que iba a encontrarme a mucha gente, entre los propósitos de año nuevo y el remordimiento de las comidas de navidad, esperaba las caminadoras llenas, en cada uno de los aparatos fila para que el siguiente pudiera completar sus repeticiones.
Pero no, el gimnasio estaba prácticamente vacío. En lo que entré comencé a caminar cada vez más rápido para cerciorarme que la gente no estaba escondida en alguna parte del lugar, haciendo un protocolo tipo fiesta sorpresa. Me detuve un segundo y conté los días, cerciorándome de que habían pasando los suficientes para que hoy fuera lunes. La idea comenzó a gustarme, tener prácticamente todo el gimnasio para mi solita, aunque era imposible utilizar los diferentes aparatos al mismo tiempo. Me subía a una de las caminadoras y comencé a estirar. Me paré por un segundo, me dirigí hacia el estéreo, puse algo de música para acompañarme y regresé a seguir caminando. De pronto el gimnasio comenzó a llenarse. Entraban en grupos de no menos de tres personas, en su mayoría señoras. Que obligadamente hacían un comentario sobre la música al entrar, cuestionándola, el ritmo, el volumen, ¿dónde estaba el pop que sus hijos arduamente les habían inculcado?
Al finalizar mi sesión de cardio me armé de valor me dirigí al estéreo y subí el volumen de la música que me disgustaba totalmente pero que de alguna forma era mejor que el lejano cuchicheo aunado con las risas eufóricas de las señoras. Las señoras casadas, con hijos, sin trabajo, que conducen una van familiar último modelo tienen un especial modo de ser que solo entre ellas se soportan, aunque se critican más que aceptarse, pero yo no puedo con ellas, las ignoro y solo pienso y espero que falten muchos años más para que yo tenga la exacta imagen y semejanza que ellas portan. Los señores son más discretos, algunos me molestan con su sola presencia, entre querer ser amables, terminan siendo patéticos, saludan con una sonrisa que hace tiempo llegó su fecha de vencimiento, sus canas, su calva y sus arrugas desentonan totalmente con esos músculos que lucen en su cuerpo, aunque son peores los que presumen una barriga abominable, junto con una papada que al correr no sabes cuál es la que gana al temblar.
De alguna forma tal vez todos somos trágicos en el gimnasio, yo con mi ropa totalmente mojada por el sudor, y mi manera de odiar a casi todo el que frecuenta el lugar. Los entrenadores con sus malteadas de proteínas y deseos de ser un cliente más en el gimnasio exclusivo, las señoras y sus pláticas superficiales y sus pechos igual, los señores con sus ganas de no volverse viejos y otros sin poderlo ocultar, los adolescentes y pubertos que levantan el triple de peso de lo que ellos son, las adolescentes que se creen la mejor especie de este lugar, no portan arrugas, ni tampoco necesitan aún cirugías, hacen 15 minutos en una caminadora y sus glúteos conservan la forma y la altura y se mueven delicadamente al caminar. Todos trágicos y patéticos, todos conmovedores y susceptibles, entran y salen de este lugar…
Después de hacer ejercicio, esa misma rutina, la que me desconcierta, a veces, y me tranquiliza otras, cuando he estado varios días sin conocer el tiempo, sin saber de esos días, sin reconocer mi papel en la comunidad, en el proletariado, en fin, después de reencontrarme con la rutina, la que casualmente también la titula así el entrenador al programa de ejercicios que me ha diseñado, como si quisiera burlarse de la monotonía de mi vida, finalmente terminé la serie de ejercicios y he caminado hacia los vestidores, igual, como todos los días o como lo hago de lunes a viernes, entré al lugar sin saber que este día sería distinto a los demás, que iba a rompérseme mi querida rutina, no había una persona ahí en las regaderas, volteé a consultar la hora y fui en busca de mis cosas, jabón para el cuerpo y también uno para la cara, acondicionador, esponja, rastrillo y toalla, aproveché para quitarme los tenis y calcetines, y calzarme unas sandalias de plástico, nunca me ha gustado bañarme con sandalias, pero mucha gente dice que así se pasan infecciones en los pies, pero pienso si toda las mujeres que ahí se bañan utilizan sandalias, entonces quién es la que me pasará esas infecciones tan prometidos, finalmente emprendí mi camino hacia las regaderas, me detuve al costado de un espejo, mientras noté algo en el reflejo, me acerqué a buscar de qué ser trataba, algo en mi expresión había cambiado, como si también el paso de los minutos se hiciera notar en mi cara, o el paso de los planes irrealizados, sin embargo era la primera vez que veía algo así en mi rostro, me quedé viendo esperando reconocerme o alguna respuesta a ese cambio, ahí estuve un tiempo, unos segundos, o minutos, tal vez hasta diez minutos, el ruido del tic tac colgado en la pared me dio a entender que no habría respuesta y que era necesario meterme a bañar, siendo o no yo, era el momento de entrar bajo la cortina del agua fría, mojar mi cabello con agua limpia, enjabonar mi piel, sentirme lo más limpia posible, finalmente reanudé mis pasos, entrando al cuarto de las regaderas me pareció encontrar ocupada la que normalmente utilizo, entonces seleccione la de enfrente, al entrar, me sentí incómoda, entonces tomé mis cosas y me paré afuera de la que yo consideraba mi regadera medio asomándome, no se escuchaba un ruido y no había nada sobre la banca de enfrente, en realidad no estaba ocupada, entonces sobre la banquita disponible deposité mi toalla y comencé a desvestirme, me solté el cabello el cual traía muy húmedo y enredado por el sudor, mientras me despojaba de la ropa, la iba doblando para que quedara acomodada, síntoma de la herencia de la obsesión compulsión de mi madre, de tener acomodada hasta la mesa del restaurante, de pronto un escalofrío me recorrió el cuerpo, al que hice caso omiso, más bien me apuré a desprenderme de los calzones, y abrí la cortina, me inmuté, paralizada, como si el tiempo se detuviera o como si me hubiera transportado hacia la historia de un cuento y la vida que comenzaba a vivir en este momento ya no era la mia encontré a una mujer tirada, totalmente desnuda, con su cuerpo lleno de agua y de sangre, sangre con agua, su cara veía hacia el suelo, no sabía si estaba muerta, no creía que estuviera muerta, jamás había visto a un muerto ni a una muerta, entonces no hice nada mas que verla, contemplarla, como si fuera un cuadro hecho por un gran artista al que finges gran atención pero esperas más bien una explicación para poder interpretarlo, leer la pequeña reseña que aparece a un costado esperando que no sea Sin título, pero junta a ella no había ninguna reseña escrita, ni si quiera tenía un jabón o champú o rastrillo que me ofreciera alguna pista de quién es esa mujer, solo estaba ella y su cara miraba hacia el piso, de pronto pensé que tenía frío, pues yo tenía frío, me acababa de dar cuenta, pero luego pensé que si estaba muerta lo más probable es que no tenía frío, no tenía nada, y la envidié ¿qué será no tener nada? No hay frío, no hay calor ¿será como la primavera? ¿qué será estar muerta? ¿sabrá ella que aquí estoy yo?
Extrañamente no me preocupaba que me encontraran con ella, pero no quería que más personas supieran que ella se encontraba frente a mi, muerta, tampoco deseaba ya saber quién era solo quería un poco más de tiempo para contemplarla, para imaginar su historia, para siguiera cambiando el rumbo de mi historia.
Tomé una toalla limpia y me la envolví, no quería que el encabezado del periódico se titulara mujer desnuda encuentra a mujer desnuda tirada. Me senté en la banquita de enfrente, pensando, o tratando de dejar de pensar. La mujer parecía de unos 40 años, pero solo veía su cuerpo, la cara es la cual realmente me alojaría un mayor acercamiento a su edad. Su piel blanca. Su cabello corto, café claro. Tal vez la rutina había acabado con ella. Tal vez ella había acabado consigo misma a razón de tanta monotonía. Unos minutos antes había discutido con otra mujer, esa mujer con un marido que ella comparte, habían empezado a insultarse, a gritarse, a desplazarse por todo el baño, una detrás de la otra a paso rápido enfrentándola, exigiéndole el que se haya intrometido con su vida o más bien con la vida de su marido, afectándola a ella, echándole en cara la falta de sexo en su cama, la necesidad de un cambio en su imagen, el ocio en el que se sumerge todos los días, el mismo menú de comida desde hace tantos años, las clases de cocina desperdiciadas, los hijos absorbentes/molestos/ingenuos, todo en su vida se sentía tan mal a la llegada de la otra y tenía que hacérselo saber, por eso la había matado, tal vez.
La cantidad de pastillas que habían pretendido sustituir los alimentos en su cuerpo para que al fin pudiera utilizar aquel vestido que hace tanto se compró y lucía tan bien en el aparador, nunca en ella, poniéndose el objetivo de entrar en él. Y en entonces el cuerpo se había desparramado sobre el piso de la regadera, como un bote de pastillas cuando recién quieres abrirlo y debes utilizar hasta los dientes, tal vez.
Tal vez en un golpe de ilusión había descubierto que la vida está sobrevalorada y que desde siempre existe la muerte para cambiar de aires, y mientras el agua caía sobre su cabeza, su cabello y su cuerpo decidió remojarse en la muerte, deshacerse ahí mismo dejando que se escurriera toda posible explicación y cayera en la rendija con el resto del agua para viajar por el drenaje.
¿Y si no está muerta? Solo se desmayó y golpeo tan fuerte su cabeza por lo que le salió sangre. Y yo ahí sentada, contemplándola.
7. Graffiti en el baño
Ya he sido todos y todas, de regreso a ser yo, el mismo, aunque a veces quién sabe…
Comenzó a leer la mamá de Julio, siguiendo ninguna lógica. Elena estaba desesperada, volteaba a una pared y otra, resaltaba palabras al azar: sangre, desempleado, esquivar, excusa, espejismo, horrores… le costó tranquilizarse, se aferró a la mano de su esposo quien ni siquiera se molestó por leer una palabra sólo volteó los ojos, buscó los de Elena. Ella le soltó la mano y continúo leyendo, aquí estaba la respuesta - por favor - ése era su consuelo.
Otro, quisiera, pero ese, el mismo todos los días ¿cómo es posible? así nada más pasa el tiempo, así nada más soy igual.
Ya viví en todas partes y sufrí todos los errores horrores herrores orrores humanos, ya solo quiero descansar, he pensando, pienso, y no dejo de pensar, no me gusta lo que veo porque se que soy, no me gusta lo que hago porque se por qué lo hago. Aquella señora de 70 años intenta con un dulce de caramelo su dentadura no le permite saborearlo, ese soy yo, ya no quiero volver a ser, ya soy. Aquel joven de 19 acaba de recibir la noticia de que será papá, la sangre se le va a los pies y de vuelta a la cabeza, ése también soy, no quiero ser, ni repetir quien fui, ni repetir el que aún no soy pero ya seré. El desempleado, la ama de casa, el intelectual, la frustrada depresiva, el empleado insatisfecho, la mujer que nunca logró saber qué era lo que quería, el hombre de familia que se acuesta con la misma puta todos los jueves, el humano transformado en robot. No encuentro un pase que me haga esquivar todas esas realidades, llegar algún lugar, ya fui y vine, ya conocí, amé y deshice, ahora ya no quiero más, quisiera tranquilidad pero se que eso es imposible, imposible cuando sabes existe lo demás, entre el vivir a ciegas entre vivir nomás buscando la muerte porque puedes seguir haciéndote pendejo, la vida no es una cena, ni romántica, ni familiar, tampoco es un título, ni doctorado o maestría, ni escuela técnica, la vida es nada, la vida la vas inventando conforme te sientes muerto, ahora es escribir, hace rato el camino a casa, cuando estás con alguien la plática obligada. La vida es una excusa para retardar la muerte que ni si quiera parece existir, la vida es ilusión, espejismo, jamás la realidad. En el espejo te comprueba aún más que la vida es otra, otra que no es esta. La rutina es el escape de la vida, es la planeación de aquel que no desea cuestionarse. El hambre es el olvido. El sueño es la muerte en pedacitos, largos, triste-alegres, infinitos, momentáneos. Planear para vivir. Vivir para planear. Las personas como palabras, se transforman, las letras fácilmente toman otro lugar, todo con tal de existir. Todo con tal de existir. Cuando muchos han comprobado que al dejar de existir viven más.
La naturaleza dice no con su cabeza, cabeza de rama, cabeza de tormenta, el humano el menos natural tomando la tierra para hacerla suya, el bicho humano, el humano que se autonombra pero no es, el humano que se define pero no es, nunca es, el humano es una palabra y los humanos olvidamos quiénes somos.
¿De qué hablaba Julio? – pensaba Elena, era un pequeño Apocalipsis de emociones e ideas. Se equivocó, Elena no encontraría las razones, no entendería a su hijo y tal vez era mejor.
Ellos, duermen en la calle, mueren de calor y de frío en el desierto, buscando algo, el humano es otro, el humano jamás seré yo, y cómo serlo, envuelto en donde nada parece lógico. Aparatos para comer, aparatos para tomar, aparatos para sentir, aparatos para ver, los sentidos descansan en aparatos para conocer y ya nada asombra. La mamá olvida ser madre…
Elena está llorando, Elena llora no sabe por qué, no sabe qué dice pero lo siente, acaso ¿tuvo la culpa? No, ella intentó que Julio estuviese lo mejor posible, estaba al pendiente y aún sin ella ser feliz ante su hijo pretendía y ahora siente, surge y sale una frustración, antes de saber por qué, quería saber ¿quién tuvo la culpa? O no, sólo saber si ella tuvo la culpa.
el padre olvida ser padre, y el hermano copia tus gestos, y tu mueres de miedo, la realidad la crees lejos, y la llevas dentro, es difícil voltear los ojos, verte tal cual, imposible verte, jamás lo lograrás, el espejo es un espejo, tu imagen invertida, no podrás ver tu realidad, incapaz de llorar, incapaz de amar.
Imposible deletrar fe ajdajdfjdldfjlkeooqierioqeqoiwhfnncnzkfnajdnfadsfna, imposible deletrar feli ajjakjfalkdsjaoidfnmncakne0qrmmcancnonajfaoiejofiajeo
Imposible deletrar felici ajdljaflakjdoierqe9rqmcmcmziwujusjskdkfivpqprlasjdsbvb
Imposible deletrear felicidad, imposible deletrear felicidad, imposible deletrear felicidad.
Elena descubría la infelicidad de Julio. Pero Julio sonreía, siempre sonreía, pensaba Elena. Y le contaba chistes, anécdotas de lo que le sucedía cuando viajaba en metro a su casa, cuando platicaba con el taxista, cuando su jefe le confesó que sus cambios de humor se debían a unas pastillas para adelgazar que descubrió después eran placebos, cuando su novia lo dejó para irse a meditar a la India. Siempre reía al platicarle todo a Elena. Su madre se sentó sobre el excusado, pensando cuánto tiempo le tomó a Julio llenar todas las paredes de estas reflexiones ¿fueron días, horas, toda la noche anterior? No estaba segura que quisiera mandar pintar las paredes como lo sugería su esposo, más bien quería releerlo varias veces, quizá aprender las frases de memoria, entender a Julio mediante la repetición de sus palabras escritas.
Buscando identidad en el diccionario, cualidad de idéntico. Creyendo encontrar respuestas en un diccionario, definiciones, quién soy, que aparezca un recuadro con mi fotografía, con mi expresión habitual, con mi estado anímico, que me digan quién seré, qué me expliquen y describan quién he sido todo este tiempo.
Elena se sentó sobre el piso frío tenía que ponerse a la altura de las frases escritas al borde de aquella pared, Julio había llenado todas las del cuarto de su baño. Elena imaginó que tal vez todo eso llevaba una semana ahí escrito, y como ella no entraba hasta su baño, no se dio cuenta.
Hipocresía en una llamada. Imposible sincerar tu depresión a una persona que cumpleaños, hoy no se trata de mi, se trata de otra persona, y muchas otras, casi nunca se trata de mi, nunca quiero que trate de mi, me molesta ser yo, ése, el que llama la atención, soy uno más, del otro lado existen otros y yo sólo cumplo siendo uno más en mi país, ni empleado estoy, no, empleado no soy, jamás estaré, mi empleo no me emplea, mi trabajo se reduce a que yo me convierta en un muñeco de cartón que realiza las mismas actividades copiar pegar copiar pegar que el mundo se va a acabar, mi capacidad se reduce a nada, tarde me di cuenta que escogí la peor actividad en cual prepararme. Pude haber elegido otra profesión pero jamás me he creí capaz y hoy aún sé que no soy capaz de seguro no fuera capaz como doctor, como ingeniero o agrónomo. He llegado al borde, al punto de la nada, nada significa todo, nada significa nada, todas son construcciones desde adentro, desde afuera también me han construido de esta manera, y todos los días intento deconstruirme para volverme a construir y cierro mis ojos por las noches en el intento fallido de mi construcción diaria, todos los días es lo mismo, en qué momento cambiará esta condición, tal vez… tal vez nada, tal vez termina en nada
Elena quiere seguir leyendo, abre los compartimentos del mueble del baño, busca adentro de la regadera, atrás de la puerta, sale al cuarto y saca la ropa del clóset, aventándola encima de la cama, pero el resto de las paredes son blancas. Le queda claro las razones que tuvo Julio para quitarse la vida pero ahora no las acepta quiere encontrarse con palabras de arrepentimiento alojadas en algún lugar secreto. Elena mueve los muebles de todo el cuarto, tirando la lámpara de noche, los libros de los estantes, hasta la computadora del escritorio. Llega su esposo a retenerla. Elena llora toda, empuja a su esposo, se dobla en dos hasta hincarse en el piso. Ya no hay misterio, Julio se mató por un día de revelación.
Comenzó a leer la mamá de Julio, siguiendo ninguna lógica. Elena estaba desesperada, volteaba a una pared y otra, resaltaba palabras al azar: sangre, desempleado, esquivar, excusa, espejismo, horrores… le costó tranquilizarse, se aferró a la mano de su esposo quien ni siquiera se molestó por leer una palabra sólo volteó los ojos, buscó los de Elena. Ella le soltó la mano y continúo leyendo, aquí estaba la respuesta - por favor - ése era su consuelo.
Otro, quisiera, pero ese, el mismo todos los días ¿cómo es posible? así nada más pasa el tiempo, así nada más soy igual.
Ya viví en todas partes y sufrí todos los errores horrores herrores orrores humanos, ya solo quiero descansar, he pensando, pienso, y no dejo de pensar, no me gusta lo que veo porque se que soy, no me gusta lo que hago porque se por qué lo hago. Aquella señora de 70 años intenta con un dulce de caramelo su dentadura no le permite saborearlo, ese soy yo, ya no quiero volver a ser, ya soy. Aquel joven de 19 acaba de recibir la noticia de que será papá, la sangre se le va a los pies y de vuelta a la cabeza, ése también soy, no quiero ser, ni repetir quien fui, ni repetir el que aún no soy pero ya seré. El desempleado, la ama de casa, el intelectual, la frustrada depresiva, el empleado insatisfecho, la mujer que nunca logró saber qué era lo que quería, el hombre de familia que se acuesta con la misma puta todos los jueves, el humano transformado en robot. No encuentro un pase que me haga esquivar todas esas realidades, llegar algún lugar, ya fui y vine, ya conocí, amé y deshice, ahora ya no quiero más, quisiera tranquilidad pero se que eso es imposible, imposible cuando sabes existe lo demás, entre el vivir a ciegas entre vivir nomás buscando la muerte porque puedes seguir haciéndote pendejo, la vida no es una cena, ni romántica, ni familiar, tampoco es un título, ni doctorado o maestría, ni escuela técnica, la vida es nada, la vida la vas inventando conforme te sientes muerto, ahora es escribir, hace rato el camino a casa, cuando estás con alguien la plática obligada. La vida es una excusa para retardar la muerte que ni si quiera parece existir, la vida es ilusión, espejismo, jamás la realidad. En el espejo te comprueba aún más que la vida es otra, otra que no es esta. La rutina es el escape de la vida, es la planeación de aquel que no desea cuestionarse. El hambre es el olvido. El sueño es la muerte en pedacitos, largos, triste-alegres, infinitos, momentáneos. Planear para vivir. Vivir para planear. Las personas como palabras, se transforman, las letras fácilmente toman otro lugar, todo con tal de existir. Todo con tal de existir. Cuando muchos han comprobado que al dejar de existir viven más.
La naturaleza dice no con su cabeza, cabeza de rama, cabeza de tormenta, el humano el menos natural tomando la tierra para hacerla suya, el bicho humano, el humano que se autonombra pero no es, el humano que se define pero no es, nunca es, el humano es una palabra y los humanos olvidamos quiénes somos.
¿De qué hablaba Julio? – pensaba Elena, era un pequeño Apocalipsis de emociones e ideas. Se equivocó, Elena no encontraría las razones, no entendería a su hijo y tal vez era mejor.
Ellos, duermen en la calle, mueren de calor y de frío en el desierto, buscando algo, el humano es otro, el humano jamás seré yo, y cómo serlo, envuelto en donde nada parece lógico. Aparatos para comer, aparatos para tomar, aparatos para sentir, aparatos para ver, los sentidos descansan en aparatos para conocer y ya nada asombra. La mamá olvida ser madre…
Elena está llorando, Elena llora no sabe por qué, no sabe qué dice pero lo siente, acaso ¿tuvo la culpa? No, ella intentó que Julio estuviese lo mejor posible, estaba al pendiente y aún sin ella ser feliz ante su hijo pretendía y ahora siente, surge y sale una frustración, antes de saber por qué, quería saber ¿quién tuvo la culpa? O no, sólo saber si ella tuvo la culpa.
el padre olvida ser padre, y el hermano copia tus gestos, y tu mueres de miedo, la realidad la crees lejos, y la llevas dentro, es difícil voltear los ojos, verte tal cual, imposible verte, jamás lo lograrás, el espejo es un espejo, tu imagen invertida, no podrás ver tu realidad, incapaz de llorar, incapaz de amar.
Imposible deletrar fe ajdajdfjdldfjlkeooqierioqeqoiwhfnncnzkfnajdnfadsfna, imposible deletrar feli ajjakjfalkdsjaoidfnmncakne0qrmmcancnonajfaoiejofiajeo
Imposible deletrar felici ajdljaflakjdoierqe9rqmcmcmziwujusjskdkfivpqprlasjdsbvb
Imposible deletrear felicidad, imposible deletrear felicidad, imposible deletrear felicidad.
Elena descubría la infelicidad de Julio. Pero Julio sonreía, siempre sonreía, pensaba Elena. Y le contaba chistes, anécdotas de lo que le sucedía cuando viajaba en metro a su casa, cuando platicaba con el taxista, cuando su jefe le confesó que sus cambios de humor se debían a unas pastillas para adelgazar que descubrió después eran placebos, cuando su novia lo dejó para irse a meditar a la India. Siempre reía al platicarle todo a Elena. Su madre se sentó sobre el excusado, pensando cuánto tiempo le tomó a Julio llenar todas las paredes de estas reflexiones ¿fueron días, horas, toda la noche anterior? No estaba segura que quisiera mandar pintar las paredes como lo sugería su esposo, más bien quería releerlo varias veces, quizá aprender las frases de memoria, entender a Julio mediante la repetición de sus palabras escritas.
Buscando identidad en el diccionario, cualidad de idéntico. Creyendo encontrar respuestas en un diccionario, definiciones, quién soy, que aparezca un recuadro con mi fotografía, con mi expresión habitual, con mi estado anímico, que me digan quién seré, qué me expliquen y describan quién he sido todo este tiempo.
Elena se sentó sobre el piso frío tenía que ponerse a la altura de las frases escritas al borde de aquella pared, Julio había llenado todas las del cuarto de su baño. Elena imaginó que tal vez todo eso llevaba una semana ahí escrito, y como ella no entraba hasta su baño, no se dio cuenta.
Hipocresía en una llamada. Imposible sincerar tu depresión a una persona que cumpleaños, hoy no se trata de mi, se trata de otra persona, y muchas otras, casi nunca se trata de mi, nunca quiero que trate de mi, me molesta ser yo, ése, el que llama la atención, soy uno más, del otro lado existen otros y yo sólo cumplo siendo uno más en mi país, ni empleado estoy, no, empleado no soy, jamás estaré, mi empleo no me emplea, mi trabajo se reduce a que yo me convierta en un muñeco de cartón que realiza las mismas actividades copiar pegar copiar pegar que el mundo se va a acabar, mi capacidad se reduce a nada, tarde me di cuenta que escogí la peor actividad en cual prepararme. Pude haber elegido otra profesión pero jamás me he creí capaz y hoy aún sé que no soy capaz de seguro no fuera capaz como doctor, como ingeniero o agrónomo. He llegado al borde, al punto de la nada, nada significa todo, nada significa nada, todas son construcciones desde adentro, desde afuera también me han construido de esta manera, y todos los días intento deconstruirme para volverme a construir y cierro mis ojos por las noches en el intento fallido de mi construcción diaria, todos los días es lo mismo, en qué momento cambiará esta condición, tal vez… tal vez nada, tal vez termina en nada
Elena quiere seguir leyendo, abre los compartimentos del mueble del baño, busca adentro de la regadera, atrás de la puerta, sale al cuarto y saca la ropa del clóset, aventándola encima de la cama, pero el resto de las paredes son blancas. Le queda claro las razones que tuvo Julio para quitarse la vida pero ahora no las acepta quiere encontrarse con palabras de arrepentimiento alojadas en algún lugar secreto. Elena mueve los muebles de todo el cuarto, tirando la lámpara de noche, los libros de los estantes, hasta la computadora del escritorio. Llega su esposo a retenerla. Elena llora toda, empuja a su esposo, se dobla en dos hasta hincarse en el piso. Ya no hay misterio, Julio se mató por un día de revelación.
8. tallar las caricias
Al llegar a casa, bajó del carro, cerró la puerta, caminó hasta la otra introduciéndose por la entrada principal, cerró ésta, dejó las llaves sobre la cómoda, suspiró, caminó hasta la cocina. Ahí parada se detuvo, pensó si tenía hambre, sed o algo tendría que hacer. Fue hasta el refrigerador lo abrió innecesariamente, lo cerró, lo mismo con el congelador y recordó sacar el pescado para preparar al día siguiente. Al cerrar esta segunda puerta, se quedó frente al aparato en funcionamiento como si éste le fuera a confesar algo. Nada le dijo entonces se fue a su cuarto. A la entrada tenía ganas de tirarse a la cama navegar por los sueños, olvidarse del día, la noche y el día siguiente. Pero ahí estaba toda esa ropa que ocupaba el terreno onírico. Se quitó los zapatos y fue hasta el baño. Se encontró con ella misma de frente mirando ¿sería capaz de dejar correr las lágrimas? o ¿continuaría pretendiendo (hasta para ella misma)? Soltó su cabello sintiéndolo entre los hombros y el cuello. Se despojó de la chamarra y el suéter negro. Desabrochó el cinturón viéndolo por el reflejo y dejó caer los pantalones grises que detestaba, aquellos que solo usa para trabajar sino no jamás los hubiera comprado. Ahora los calcetines. Enseguida la blusa de tirantes blanca, desabrochó su brasiere, bajó el pedacito de tela que cubría su sexo. Al levantarse se encontró con el olor a él. Trataba de capturar esos destellos de aquel perfume masculino, pero solo venían como olas de un mar caprichoso. Como cazando mariposas buscaba con su nariz terminando en falsos intentos. Se acercó a la regadera, dio vuelta a la perilla del agua caliente y esperó. Tardaba tanto en llegar la temperatura indicada que se puso a pensar en lo ocurrido hace algunas horas. El agua corría. Y ella pensó en los labios de él. El agua corría. Y ella escuchó su voz y su nombre. El agua corría y llenaba el baño de vapor. Ella sintió sus manos en la cintura, la espalda, sus pechos. El agua corría, el vapor empañaba el espejo, el agua corría. Sobre ella, el cuerpo de él, delgado atlético perfecto. El agua corría empañaba el espejo, las lágrimas surgían al borde de sus ojos, y entonces entró a plantarse bajo el chorro confundiendo aquella que caía con la que de sus ojos brotaba. Se empapó el cuerpo. El cabello escurría en su espalda. Tomó la esponja la llenó de jabón olor a mango y esperó. El agua corría, empezaba en su cabeza, bajaba por su cara y cuello, delineaba sus pechos, formaba arroyos en su espalda que descendían hasta las curvas de sus nalgas, unas pequeñas cascadas desembocaban en el suelo mientras otros seguían el camino por sus muslos, piernas, terminando entre sus dedos, uniéndose finalmente con el charco en el mosaico, limpiando olores y... El agua corría, la esponja en su mano a punto de atacar, de borrar caricias, el estremecer de un cuerpo. Pensó en las ganas de una mascota que la recibiera en perpetua felicidad, llevaba meses queriendo tomar la decisión y no lo hacía. La esponja ya estaba funcionando, iba y venía por el vientre y los costados, entre las costillas y hacia el cuello, la espuma la abrazaba en consuelo. Gruesas líneas paralelas en una pierna y luego la otra. Entre los dedos de un pie, una mano y los contrarios. Entre el sexo, las nalgas, la espalda baja y lo que alcanzaba de la alta, los brazos, antebrazos, bajo ellos, entre los pechos. Sobre ellos, bajo ellos. Dejó la esponja y vestida complemente de blanco, y un olor a mango se lanzó bajó el chorro abandonándose a gotas de olvido. Las lágrimas creaban círculos en la coladera junto con los hubieras y deseos. El agua corría y formaba con ella un solo cuerpo. Llenó su mano de champú e hizo figuras con sus cabellos, como de niña, unos picos hacia arriba que vivían tres segundos. Pequeños chongos que se deshacían como el pan en leche caliente, dejando un velo de seda negra enjugando la espalda. El agua corría y de pronto cesaba, abandonándola. Tomó una toalla blanca que cayó cubriéndola como víctima de incendio. Salió y su silueta vio al espejo, secó su velo, su cuello, su anhelo y dejó caer… descubriendo su desnudez. Como si se viera por vez primera, se contempló largamente, mientras el espejo le daba forma y deshacía la nube en que estaba alojado. Peinó sus cabellos. Lavó sus dientes. Formó una falsa sonrisa sintiendo el sabor a invierno y salió al cuarto. Tomó la orilla de la colcha deshaciendo la cama, lanzando las prendas de ropa al vuelo, se integró entre las sábanas y durmió desnuda alcanzándose en sueños.
9. viñetas
Viñetas
• Frente a la puerta, tomo la chapa y me detengo, volteó hacia el letrero, leo Damas.
• Doy vuelta a la chapa, entro, camino, uno, dos, tres, cuatro pasos. Todas las puertas están abiertas y todos los lugares ocupados.
• Camino, cinco, seis. En el primer compartimiento. Una mujer, pelirroja natural sentada sobre la taza, llora… llora, llora, llora sin parar, voltea con sus ojos negros escurridos, perfección desalineada, lágrimas mezcladas en el borde de sus labios, tose y sigue desbordándose en lamentos, me volteo y sigo al frente.
• Siete, ocho, giro la cabeza descubriendo el siguiente espacio. De espalda, en vestido negro, un escote en V donde brota una línea curva, la columna hasta el cuello, los huesos brillan, escapan de su piel. Ella está doblada con los pies paralelos entre el escusado, detiene su cabello negro y revienta, vomita, vomita, su boca totalmente abierta, deshaciéndose por dentro. Se detiene y aún sujeta a la taza gira su cabeza, haciendo contacto, mis ojos con sus ojos con las venas rojas reventadas cubiertas de una capa cristalina, exhala humo de las narices, un olor a pescado muerto. Prosigo.
• Nueve, diez y una mata de cabello no me deja adivinar. Caen gotas de sangre, caen. Ella, acurrucada, hundiéndose su barbilla en el pecho, se recoge adhiriéndose al blanco frío marmolado de aquel asiento. Alza la cara, llevando su cabello a la espalda, aparecen unos ojos verdes azulados. Sus manos, la derecha como garra se aferra al muslo; en la izquierda lleva una navaja, larga y lisa que se ha manchado y a la que regresa la vista para seguirse dibujando finas líneas carmesí entre el otro muslo y un poco más arriba.
• Once y doce, en el último lugar, un ser de dos cabezas, un siamés vuelto sirena, dos cuerpos siendo uno, luchan al unirse y se unen en una lucha. Cuatro manos revuelven las caricias, cuatro labios se besan y se alejan, cuatro ojos coinciden, se encuentran, se abren, se cierran. Estoy de frente, no quito la mirada, siento aquellos cuerpos como el pulso en el cuello, vibran en mi piel, me llevo la mano atrás de mi cabeza, doy media vuelta.
• Doy cuatro pasos hasta el centro de aquel cuarto, estoy frente al espejo y atrás un Van Gogh que desprende un rojo escarlata, un Renoir al que se le escapa un azul en varios tonos, un Miró que disuelve en blanco, un Dalí que lanza amarillo intenso nacarado, todo el cuarto en tornasol, y destella y ciega el blanco.
• Una a una, se abre cada puerta.
• Sale la mujer de pelo cobrizo con los ojos contornados.
• Abre lento, la del vestido negro, la segunda puerta.
• Una mirada azul verde, con las piernas cubiertas por una falda larga camina al espejo.
• Dos mujeres de la mano una detrás de la otra llegan hasta el lavabo, una saca el labial, la otra se aplica polvo.
• Camino al secador de manos, las extiendo frente a mí, se prende el estertor del falso viento, mojadas aún las dejo caer a mis lados. En unísono todas comienzan a reír, hablan, conversan, sonríen y se halagan.
• Un último vistazo y ellas siguen en su papel.
• Camino a la puerta, tomo la chapa, la giro y jalo, salgo.
• Un, dos, tres, me detengo, volteo y en la puerta continúa el letrero Damas.
• Frente a la puerta, tomo la chapa y me detengo, volteó hacia el letrero, leo Damas.
• Doy vuelta a la chapa, entro, camino, uno, dos, tres, cuatro pasos. Todas las puertas están abiertas y todos los lugares ocupados.
• Camino, cinco, seis. En el primer compartimiento. Una mujer, pelirroja natural sentada sobre la taza, llora… llora, llora, llora sin parar, voltea con sus ojos negros escurridos, perfección desalineada, lágrimas mezcladas en el borde de sus labios, tose y sigue desbordándose en lamentos, me volteo y sigo al frente.
• Siete, ocho, giro la cabeza descubriendo el siguiente espacio. De espalda, en vestido negro, un escote en V donde brota una línea curva, la columna hasta el cuello, los huesos brillan, escapan de su piel. Ella está doblada con los pies paralelos entre el escusado, detiene su cabello negro y revienta, vomita, vomita, su boca totalmente abierta, deshaciéndose por dentro. Se detiene y aún sujeta a la taza gira su cabeza, haciendo contacto, mis ojos con sus ojos con las venas rojas reventadas cubiertas de una capa cristalina, exhala humo de las narices, un olor a pescado muerto. Prosigo.
• Nueve, diez y una mata de cabello no me deja adivinar. Caen gotas de sangre, caen. Ella, acurrucada, hundiéndose su barbilla en el pecho, se recoge adhiriéndose al blanco frío marmolado de aquel asiento. Alza la cara, llevando su cabello a la espalda, aparecen unos ojos verdes azulados. Sus manos, la derecha como garra se aferra al muslo; en la izquierda lleva una navaja, larga y lisa que se ha manchado y a la que regresa la vista para seguirse dibujando finas líneas carmesí entre el otro muslo y un poco más arriba.
• Once y doce, en el último lugar, un ser de dos cabezas, un siamés vuelto sirena, dos cuerpos siendo uno, luchan al unirse y se unen en una lucha. Cuatro manos revuelven las caricias, cuatro labios se besan y se alejan, cuatro ojos coinciden, se encuentran, se abren, se cierran. Estoy de frente, no quito la mirada, siento aquellos cuerpos como el pulso en el cuello, vibran en mi piel, me llevo la mano atrás de mi cabeza, doy media vuelta.
• Doy cuatro pasos hasta el centro de aquel cuarto, estoy frente al espejo y atrás un Van Gogh que desprende un rojo escarlata, un Renoir al que se le escapa un azul en varios tonos, un Miró que disuelve en blanco, un Dalí que lanza amarillo intenso nacarado, todo el cuarto en tornasol, y destella y ciega el blanco.
• Una a una, se abre cada puerta.
• Sale la mujer de pelo cobrizo con los ojos contornados.
• Abre lento, la del vestido negro, la segunda puerta.
• Una mirada azul verde, con las piernas cubiertas por una falda larga camina al espejo.
• Dos mujeres de la mano una detrás de la otra llegan hasta el lavabo, una saca el labial, la otra se aplica polvo.
• Camino al secador de manos, las extiendo frente a mí, se prende el estertor del falso viento, mojadas aún las dejo caer a mis lados. En unísono todas comienzan a reír, hablan, conversan, sonríen y se halagan.
• Un último vistazo y ellas siguen en su papel.
• Camino a la puerta, tomo la chapa, la giro y jalo, salgo.
• Un, dos, tres, me detengo, volteo y en la puerta continúa el letrero Damas.
miércoles, 27 de abril de 2011
la hija pródiga
1.- Aurelio ¿por qué traes esa mujer a la casa?
2.- Es tu hija
1.- Y una prostituta
2.- ...
1.- Que se quede a cenar, si quiere...
2.- Es tu hija
1.- Y una prostituta
2.- ...
1.- Que se quede a cenar, si quiere...
jueves, 7 de abril de 2011
6. Rick & Ruben
Yo no entiendo man; siento que con Kelly jamás voy a volver. She just doesn’t want it, y no entiendo why. Le gusta aquí. Estábamos a punto de pasar ya la mortage. Y ahora Kelly wants to stay.
Cuando me enseñó el pregnancy test me sentí el bato más me feliz del mundo. I’m gonna be a Dad, man!!! Quería gritarlo. Corro a llamarle a mi ma’ pero Kelly stops me y empieza…
Ruben don’t get me wrong, I’m really happy about this, but I’ve been thinking that we can’t go ahead with the plan.
I knew it, lo sabía, iba a poner una excusa. Anything. Desde el principio que lo hablamos, hace como seis meses. Six months man, hablando de lo mismo, over and over… que es tiempo de volver con la familia, de buscar en nuestro país. But she went on and on and…
Now we have to think about our baby Ruben, here he will get better opportunities. In school and he’ll have medical insurance, a good job, a sports scholarship, or a science one for the best universities in the world.
In the world, así dijo man, in the world. Porque todo lo que hace este país es lo mejor. And she thinks que somos mejores aquí, pero cuando salimos del hood la gente nos mira distinto. Si vamos al otro lado de la ciudad, the people nos ve diferente, no podemos estar cómodos en cualquier restaurant. Y luego vi en la TV que en Arizona van a poner una ley que va estar hard man, cabrona, como si fuéramos trash, tirada por todo el país.
Ha sido too long… y quiero regresar man. Yo sé que puedo encontrar un trabajo. Maybe al principio no va ser como aquí, voy a tener moverme mucho. Pero imagino que mi hijo nace en su país, en mi país. Con su familia completa, con sus tías y abuelos que lo puedan visitar siempre, every freaking day, not only on christmas. Comer unos buenos tacos, homemade frijoles, y real guacamole, you know, nada de latas sin sabor. Hacer carne asada todos los domingos. El pinchi Barbecue no es lo mismo.
¡Hey ese! déjame un poco que te vas a poner mal. Llevas ahí como dos horas. Man come on la otra vez no podías dormir. Maldito wuey traías un insomnia cabrón, you called me about three times in the morning, Kelly estaba toda molesta ése día that youre not a good influence, sí eso dijo. Yo creo que vamos a tener que conseguir más powder, were gonna finish this one today. Finito. I mean… si sigues así wuey...
You know I’m thinking que cuando vuelva I'm gonna stop all this shit. Im gonna be a good dad. Uno bueno, like goddamn superman, no uno que anda todo fucked up on the weekends.
¿Qué piensas man? No sé… Kelly era distinta cuando la conocí. She didn’t color su cabello. Ahora prefiere todos los días comer take-out en lugar de cocinar, remember the great enchiladas she use to make? Las probaste ¿no? … man… they were good. Todas sus amigas are these stupid blondes y ya ni le habla a Rosario o a Meche porque ellas se la pasan hablando del pasado, and the past is the past, eso dice, but lo que yo quiero es que el past sea el future you know’ ¿qué le pasó a Kelly? She forgot her country… like many here…
No sé, no sé…
Rick!
Man! What the…! No cabrón no te me caigas… come on, stand up… stand up!
Rick por favor ¿qué te pasa Rick?
Rick, what the fuck’s wrong?
Come on Rick, man, man, wake up, wake up, despierta cabrón, no mames, levántate, levántate god dammit, god dammit Rick… FUCK!
Cuando me enseñó el pregnancy test me sentí el bato más me feliz del mundo. I’m gonna be a Dad, man!!! Quería gritarlo. Corro a llamarle a mi ma’ pero Kelly stops me y empieza…
Ruben don’t get me wrong, I’m really happy about this, but I’ve been thinking that we can’t go ahead with the plan.
I knew it, lo sabía, iba a poner una excusa. Anything. Desde el principio que lo hablamos, hace como seis meses. Six months man, hablando de lo mismo, over and over… que es tiempo de volver con la familia, de buscar en nuestro país. But she went on and on and…
Now we have to think about our baby Ruben, here he will get better opportunities. In school and he’ll have medical insurance, a good job, a sports scholarship, or a science one for the best universities in the world.
In the world, así dijo man, in the world. Porque todo lo que hace este país es lo mejor. And she thinks que somos mejores aquí, pero cuando salimos del hood la gente nos mira distinto. Si vamos al otro lado de la ciudad, the people nos ve diferente, no podemos estar cómodos en cualquier restaurant. Y luego vi en la TV que en Arizona van a poner una ley que va estar hard man, cabrona, como si fuéramos trash, tirada por todo el país.
Ha sido too long… y quiero regresar man. Yo sé que puedo encontrar un trabajo. Maybe al principio no va ser como aquí, voy a tener moverme mucho. Pero imagino que mi hijo nace en su país, en mi país. Con su familia completa, con sus tías y abuelos que lo puedan visitar siempre, every freaking day, not only on christmas. Comer unos buenos tacos, homemade frijoles, y real guacamole, you know, nada de latas sin sabor. Hacer carne asada todos los domingos. El pinchi Barbecue no es lo mismo.
¡Hey ese! déjame un poco que te vas a poner mal. Llevas ahí como dos horas. Man come on la otra vez no podías dormir. Maldito wuey traías un insomnia cabrón, you called me about three times in the morning, Kelly estaba toda molesta ése día that youre not a good influence, sí eso dijo. Yo creo que vamos a tener que conseguir más powder, were gonna finish this one today. Finito. I mean… si sigues así wuey...
You know I’m thinking que cuando vuelva I'm gonna stop all this shit. Im gonna be a good dad. Uno bueno, like goddamn superman, no uno que anda todo fucked up on the weekends.
¿Qué piensas man? No sé… Kelly era distinta cuando la conocí. She didn’t color su cabello. Ahora prefiere todos los días comer take-out en lugar de cocinar, remember the great enchiladas she use to make? Las probaste ¿no? … man… they were good. Todas sus amigas are these stupid blondes y ya ni le habla a Rosario o a Meche porque ellas se la pasan hablando del pasado, and the past is the past, eso dice, but lo que yo quiero es que el past sea el future you know’ ¿qué le pasó a Kelly? She forgot her country… like many here…
No sé, no sé…
Rick!
Man! What the…! No cabrón no te me caigas… come on, stand up… stand up!
Rick por favor ¿qué te pasa Rick?
Rick, what the fuck’s wrong?
Come on Rick, man, man, wake up, wake up, despierta cabrón, no mames, levántate, levántate god dammit, god dammit Rick… FUCK!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)